domingo, 3 de mayo de 2009

La profunda depresión de los años 30

Durante esta última semana de abril, hemos estudiado en clase: La Gran crisis de los años treinta cuyas bases de aparición se hallan en la evolución de la economía estadounidense y en la influencia de EE.UU. sobre la economía mundial. La Crisis a nivel mundial tenía como base los cambios estructurales provocados por la guerra, tales como, la sustitución de Gran Bretaña por EE.UU. en el predominio de la economía mundial, la reducción del comercio internacional respecto a la situación anterior al conflicto y el mal funcionamiento del patrón oro.

De los felices años 20 se pasó a ver como las cotizaciones bajaban de manera importante y consiguientemente la crisis se difundió por dos vías: la comercial y la financiera. En los años 20 hubo un exceso de capital disponible y los beneficios empresariales se traspasaron al mundo financiero. Los inversores preferían la bolsa que es un mercado en el que se negocian acciones y obligaciones, ya que, en el mundo de la producción no había posibilidades atractivas de negociación. La subida de la bolsa se considera una señal del buen funcionamiento de la economía, en cambio, ésta dejó de funcionar de tal manera y la especulación se disparó y las cotizaciones consiguientemente, hasta llegar al momento en que empezaron a disminuir los índices borsarios, perdiendo el valor de las acciones de pequeños y grandes inversores.

El primer síntoma de la recesión en EE.UU fue la caída de la producción industrial en agosto de 1929. Se produjo una sobreproducción industrial i agraria en los años anteriores a la crisis, en los que se sobrepasó la capacidad de compra de los mercados, provocando una ligera caída de los precios y una fuerte acumulación de estocs a las industrias, que lógicamente pedían créditos a los bancos para poder continuar produciendo, ya que se empezaba a decaer productivamente y competitivamente en el ámbito, por ejemplo, de la construcción y del automobilismo. Sin embargo, el crack de la bolsa de Nueva York (octubre de 1929) fue lo más significativo.

El impacto del crac bursátil y la crisis financiera vinieron causados por la reducción de la oferta monetaria. A pesar de mantenerse en circulación la misma cantidad de billetes, el conjunto de medios de pago disminuyó, sumándose la caída de los precios y la depresión general. Posteriormente, este hecho no únicamente estuvo relacionado con el crac de la bolsa, sino también con las quiebras bancarias. La caída de los precios de las acciones y titulos cotizados en bolsa, provocó como es comprensible, causar la alarma entre los depositarios de las entidades bancarias ya que querían recuperar su dinero. Los factores exteriores también tuvieron mucho que ver en el desencadenamiento de la depresión. Las políticas proteccionistas dificultaban cada vez más los intercambios y las economías emergentes, el problema de las cuales era que necesitaban un reequilibrio enorme de su balanza de pagos.



Hoy en día, podemos observar las grandes similitudes que ofrecen la depresión de los años treinta, con la actual. Esta crisis de los años 30 nos hace reflexionar sobre la actual situación económica tanto de Europa como de los Estados Unidos. Vemos que en ambas crisis, los índices bursátiles caen en picado, las ventas de sectores claves como los automóviles o la construcción bajan, los bancos dejan de conceder créditos en la mayoría de los casos, y finalmente podemos analizar los grandes índices de paro acumulado consecuentemente. Como en todas las economías, siempre conocemos los ciclos de expansión y los ciclos de recesión que se producen, como consecuencia del ciclo secular de la economía capitalista, pero el problema para los economistas y en general, para toda la población que sufre las consecuencias, es intentar hallar, las mejoras y las medidas oportunas por parte de los Gobiernos, entidades bancarias y especialistas, para poder disfrutar de una buena economía que no provoque situaciones como la actual y que el flujo y el desarrollo de la actividad económica del país sea el más favorable para todos.